lunes, 22 de abril de 2013

DISCAPACITAT I TREBALL


Durant l'any passat més del 80% dels aturats amb discapacitat van ser contractats a través d'un Centre Especial de Treball. Les dades demostren que els llocs de treball en aquest sector augmenten respecte a la contractació en empreses ordinàries, que registra una reducció important. D'aquesta manera, els CET s'han convertit en la principal font de contractació i sostenibilitat de les persones amb discapacitat suportant fins i tot la major crisi econòmica dels darrers 50 anys.
Resulta curiós que suposant només el 0,3% del PIB a Espanya, aquest tipus d'entitats siguin capaços de crear més ocupació per a les persones amb discapacitat que el 99,7% restant, i això només s'aconsegueix amb gran esforç i la convicció que el valor social és imprescindible per sortir endavant.
Actualment, l'única garantia per mantenir els més de 20.000 llocs de treball de persones amb discapacitat passa per que les administracions facin una aposta en ferm i mantinguin la confiança en els CET, conservant les ajudes i garantint els pagaments en els terminis acordats.
No obstant això, la crisi afecta tots els àmbits de la societat, i és així com algunes comunitats autònomes estan limitant les ajudes o diferint els ingressos a aquest tipus d'entitats socials, cosa que fa perillar la persistència de molts centres que s'han vist obligats a tancar o unir-se en cooperatives.
Sembla que des del Govern s'està treballant en el desenvolupament d'algunes mesures per donar suport als Centres Especials de Treball. Entre d'altres, es planteja l'assignació d'un 6% de la contractació pública als serveis que ofereixen aquest tipus d'empreses destinades a donar suport a la integració laboral de les persones amb discapacitat.
L'Administració ha de tenir clar que els CET són vitals per a la promoció de l'ocupació en aquest sector, així que el poder públic ha de seguir treballant en la millora i consolidació de les estructures que garanteixin la seva supervivència.
Des dels Centres Especials de Treball seguirem lluitant per prolongar i incrementar la nostra tasca com a principals promotors de l'ocupació per a les persones amb discapacitat, així com de la seva plena integració en la nostra societat, per molt difícil que ens posin les coses. La societat ens necessita.

Publicat 22/04/13 Social.cat. Veure link :
 http://www.social.cat/opinio/3508/discapacitat-i-treball

SUMA CAPACIDAD. GRUPO SIFU CELEBRA SUS 20 AÑOS DE HISTORIA

lunes, 8 de abril de 2013

SOCIEDAD DE BAJO COSTE

Aviones realizando aterrizajes de emergencia por falta de combustible, carne de caballo que debería ser de ternera, guacamole con tan solo un 7% de aguacate en su composición, tartas con bacterias fecales, productos cosméticos retirados por posibles perjuicios para la salud…
Desde hace algún tiempo la cultura low cost se ha instaurado en nuestra sociedad. Un reclamo apto para todos los bolsillos que triunfa entre las compañías aéreas, los gimnasios e incluso en el mundo de la moda o la restauración. Los productos de bajo coste resultan ciertamente atractivos por su precio pero en la mayoría de los casos conllevan una serie de riesgos que no debemos olvidar.
Este nuevo concepto, que se presenta como la solución ideal ante el consumo en tiempos de crisis, trae consigo un abaratamiento de toda la cadena productiva, y por tanto también del salario y de las condiciones de quienes forman parte de ella. Para vender más barato, hay que producir más barato y eso supone, a su vez, menos calidad de las materias primas, mano de obra más barata, menos control del producto, deslocalización... Por no hablar de la letra pequeña, los cobros adicionales o la publicidad engañosa.  
La variable precio ha pasado a ser el único factor a tener en cuenta en cualquier oferta comercial, licitación o acuerdo económico. Tanto las empresas como los consumidores han dejado de lado sus exigencias en calidad o servicio, a cambio de conseguir un ahorro o beneficio a corto plazo, sin embargo, olvidan que esa ventaja inicial les reportará pérdidas a medio y largo plazo.
En un momento como el actual no debemos sólo fomentar la cultura de bajo precio sin esperar que eso nos acabe pasando factura. Poco a poco nos estamos convirtiendo, también, en una sociedad low cost y lo alarmante es que nos acabemos habituando por completo a la mala calidad de los productos y servicios.
La cultura de la calidad, por el contrario, ofrece mayor margen, mejores salarios y mayor bienestar para la sociedad. Si no somos capaces de conservar su lugar como máximo exponente en nuestra escala empresarial, quedaremos relegados como un país de segunda.
En los periodos de crisis es fácil sucumbir a las ofertas, pero como dice el refrán, “Lo barato sale caro” y es momento de seguir apostando por el valor añadido de nuestras empresas y la excelente calidad de sus productos, tanto fuera como dentro de casa.     

Cristian  Rovira
Vicepresidente de Grupo Sifu

Publicado en Expansión - 25/03/13

ENTREVISTA RADIOFÓNICA - CRITERIO JOVEN;INTERECONOMIA

IMPORTANCIA DE LAS APTITUDES Y LA ILUSIÓN

BARCELONA A 13 DE MARZO DE 2013


lunes, 25 de febrero de 2013

Pasos hacia una lengua no discriminatoria con la discapacidad

La visión del concepto ‘discapacidad’ ha cambiado mucho en poco más de tres décadas. La evolución en el uso del lenguaje para referirse a este colectivo es un claro ejemplo de cómo nuestra sociedad va camino de su plena aceptación y normalización en el ámbito social y laboral.
Siglos atrás no era común la distinción entre diferentes tipos de discapacidad. Los parapléjicos, sordos, mudos, ciegos... eran señalados con un único término, el de "Retardado mental". No fue hasta el siglo XX cuando se empezaron a superar viejos prejuicios y poco a poco la sociedad se abrió a la idea de que este tipo de personas tienen un papel muy importante dentro de nuestra realidad. Aun así, todavía se utilizaban palabras como 'tarado', ‘tullido', 'subnormal’ o ‘inútil', que eran aceptadas por todos como palabras de uso cotidiano. En 1981 los poderes políticos y la administración pública española creyeron que era necesaria, por primera vez, una legislación que garantizara los derechos de las personas con discapacidad. De esa forma nació la LISMI, la Ley de Integración Social del Minusválido, hoy todavía vigente y en proceso de modificación, que regula, entre otras cosas, su acceso al mercado laboral.
El nombre de la propia ley ya nos da pistas de cómo la sociedad de la época se refería al colectivo. Aunque se produjo una evolución conceptual, el término minusválido supone que la persona en cuestión es menos válida para realizar una tarea en comparación con alguien que no tiene ese tipo de limitaciones.
Con el cambio de década, algunos círculos dieron pequeños pasos hacia la inclusión y comenzaron a utilizar la palabra 'disminuido', en referencia a una persona considerada menor. No fue hasta bien entrados los 90, cuando el término ' discapacidad ' se empezó a extender. A partir de ese momento se dejaron atrás expresiones discriminatorias que etiquetaban las personas con discapacidad en un estadio inferior y que daban a entender que “no tienen  habilidad",  tienen un "valor menor" o “no tienen valor". Con el lenguaje se puede determinar la inclusión-exclusión de los individuos en la sociedad y su pertenencia como ciudadanos de pleno derecho, por lo que es un factor básico en la construcción del pensamiento de una cultura.
Actualmente, la sociedad en que vivimos ha dado grandes pasos en la comprensión de la discapacidad y su relación con el entorno. Hoy este tipo de personas disponen de una serie de recursos, como asociaciones, fundaciones, centros de día, clubs sociales o centros especiales de empleo y ocupacionales que facilitan su día a día y contribuyen a mejorar su calidad de vida. El cambio de visión ha facilitado las intervenciones sociales, nos ha ayudado a valorar la diferencia y la diversidad, y nos ha conducido hacia la normalización, por ello, este tipo de personas ahora pueden desarrollar sus capacidades en el ámbito familiar, educativo y laboral, así como convivir en igualdad de oportunidades.
Si bien, estamos cada vez más informados sobre la discapacidad no debemos olvidar que aún queda mucho por hacer y que existe a día de hoy algunas expresiones ciertamente ofensivas pero de uso común como las frases hechas: "Sale más caro que un hijo tonto"," Tiene menos miras que un ciego", "Está más sordo que una tapia "o" No hay un cojo bueno".

Publicado en "social.cat" on line 25/02/13

martes, 29 de enero de 2013

“Y TÚ MÁS...”

 ¿Imagináis qué pasaría si un empresario con problemas, que debiese dinero al gobierno por una sanción, se negase a devolverlo con el argumento de “tú me debes el IVA o tú no me pagas las facturas”?

Son numerosos los impuestos y pagos que empresarios y ciudadanos de a pie deben asumir continuamente como parte de sus obligaciones con el Estado. Sin embargo, ¿cuáles son las responsabilidades asumidas por nuestra clase política?

Los casos de corrupción en la administración pública y en el seno de los partidos cada vez son más frecuentes y sonados, convirtiéndose en algo fuera de lo común. Ante la indignación ciudadana, las réplicas parlamentarias y las acusaciones de los demás partidos, nuestros dirigentes se muestran lejos de asumir las responsabilidades que conllevan sus cargos. Éstos se limitan a esconder el bulto y recurrir a un discurso ciertamente infantil y simplista: la excusa del “y tú más” o al argumento de que son víctimas de una herencia recibida.  

Quien asume un cargo institucional debe tener claro que las decisiones que tome y las acciones que emprenda afectarán y condicionarán al resto de ciudadanos a los que gobierna, incluidos los que intentan sacar adelante su negocio y reflotar la crisis. No olvidemos que son los emprendedores y el mundo de las empresas, así como sus trabajadores, los que viven de primera mano las  consecuencias más crudas de esta recesión.

¿Cuántas veces habremos oído la expresión “Este es un país de pandereta” en los últimos meses? Y es que los casos de corrupción están minando todavía más el nivel de autoestima del país. Toda esta información causa una profunda mella en nuestra sociedad y afecta enormemente a nuestra imagen exterior, haciendo que los demás olviden quiénes somos y todo lo que hemos construido a base de esfuerzo. Para el mundo empresarial es importante crear un ambiente de confianza, de seriedad institucional y seguridad jurídica. España depende totalmente de la financiación exterior y es difícil seguir contando con la confianza de los acreedores si nuestra prima de riesgo se ve resentida y la duda de si gestionamos correctamente el crédito persiste en los mercados,  dadas las continuas noticias sobre corrupción en nuestro país.

La confianza es un valor muy preciado que debemos aprender a preservar. Es hora de asumir responsabilidades y quizás de esa forma, tan sólo quizás, volvamos a creer en la vocación política que tanto reclaman nuestros representantes desde sus escaños.  

Cristian Rovira
Vicepresidente Grupo Sifu

Publicado en Expansíon, 29/01/13