lunes, 16 de marzo de 2009

EL EMPRENDEDOR ES CLAVE

En momentos de incertidumbre, como los que nos toca vivir, todos buscamos una guía, una esperanza, la certeza de que hay una ruta marcada para salir de la crisis. A veces la búsqueda de respuestas innovadoras no permite algunas recetas más cercanas y que por demasiado evidentes se exploran poco. Quiero hacer un canto, una apuesta y un reclamo por el fomento y apoyo a los emprendedores, como generadores de empleo, inversión y motores de economía. Frente a la crisis somos una de las claves para salir de la situación actual. La nueva generación de emprendedores tiene el ímpetu, vocación y capacidad de creación de empresas y transformación social necesaria para dar a la economía y la sociedad en general un nuevo impulso.

Los jóvenes emprendedores no solo tenemos el ímpetu de la juventud, también aportamos capacidad de arriesgar, margen para el error y creamos negocios en ámbitos altamente tecnológicos y especializados que pueden suponer un impulso para la economía. En definitiva los jóvenes emprendedores innovamos y arriesgamos más que otros colectivos sociales.

Los jóvenes emprendedores proceden en algunos casos de las capitalizaciones del paro, crean empleo contratando sin temor y creando todo tipos de sociedades y alianzas con otros jóvenes emprendedores. Otros muchos jóvenes emprendedores han impulsado en segunda o tercera generación el tradicional tejido industrial de Catalunya, innovando, renovando, internacionalizando, mejorando el legado de sus padres. Son jóvenes comprometidos, casi revolucionarios por su voluntad de luchar, de asumir responsabilidades. Son una garantía de que el tejido productivo catalán no solo no puede desaparecer, sino que está en proceso de renovación.

Los emprendedores sabemos de crisis ya que nuestras empresas han nacido en muchos casos de una mera idea, y por lo tanto, hemos buscado clientes, financiación, ganado credibilidad sin más base que nuestro propio esfuerzo. Sabemos adaptarnos al mercado y superar dificultades. Estamos preparados para la crisis, la presente y las que vengan en el futuro, que como las meigas, “haberlas, las habrá” por muchas reformas que se hagan.

Esta es la realidad de los emprendedores catalanes, frente a esta realidad, de la que se habla muy poco. No pedimos ayudas, ni regalos, Reagan dijo: “cuando oigan estas nueve fatídicas palabras huyan: hola, soy del gobierno y estoy aquí para ayudarte”. Nosotros no pedimos ayuda, solo esperamos que nos dejen cumplir nuestro sueño, superar los retos que nos marcamos. Nosotros, los emprendedores estamos poniendo mucho más que un granito de arena para superar la actual coyuntura. Solo pretendemos que desde la administración se cree el marco adecuado para que nuestra aportación pueda ser más importante. Nosotros queremos, estamos en ello, ustedes pónganoslo más fácil de lo que hasta ahora. Creen registros únicos, incluyan procesos telemáticos, agilicen la justicia, garanticen el pago puntual de las administraciones, no creen más empleo público sino facilidades para la contratación por parte de las empresas privadas, gestionen bien los recursos procedentes de los elevados impuestos, administren con austeridad, no generen déficit, en fin cumplan con su deber y copien, que en este caso no hay patentes, del modelo de gestión de las empresas gestionadas por emprendedores. En su mano está.

PUBLICADO EXPANSION 16/03/09



lunes, 16 de febrero de 2009

ESPERANZAIR


Por mucho que Lorenzo Milá haya despedido todos los informativos del último año deseando poder explicar alguna buena noticia al día siguiente, el balance entre lo positivo y negativo se ha decantado clarísimamente hacia este último. El 2008, ha sido el año de aquellos que creen que una mala noticia es siempre una buena noticia. La caída de la bolsa en un 60%, el hecho de que los procesos concursales del los dos meses finales del 2008 igualasen a la totalidad de los de 2007, las dificultades para encontrar liquidez de las empresas y, la gran noticia, la economía desmoronándose han sido el pan de cada día de los informativos.

Hasta que de repente, en medio de toda esta oscuridad, parece que alguien decide escuchar al conocido presentador y surge una buena noticia: un consorcio catalán compra la maltrecha Spanair. La voluntad, clara. Iniciar un proyecto que concretaba los muchos intentos de la sociedad catalana por tomar las riendas del país (recordemos las 500 personas reunidas en el IESE para reclamar otro tipo de trato por parte de AENA en cuanto a la gestión del aeropuerto del Prat). Y mil veces más importante, gracias a esta noticia nos hemos dado cuenta que la sociedad catalana, a la que creíamos adormilada, hundida, incapaz de hacer nada más que autocompadecerse, se levanta de nuevo y se une para preocuparse y buscar soluciones al futuro del país.

La importancia de unas buenas comunicaciones resulta evidente en la sociedad actual. La clara apuesta que Iberia (una empresa privatizada no hace mucho y, recordemos, mantenida por el Estado hasta entonces) había hecho por Madrid, estaba convirtiendo Barcelona en un aeropuerto de Low Cost, y quedarse con un aeropuerto de segunda era un peligro con muchas ramificaciones que nos afectaba a todos. ¿Cuántas empresas iban a dejar de instalarse en Cataluña? ¿Cuánto íbamos a perder a nivel de clientes, de volumen de negocio, etc. si tenemos en cuenta que el 80% de los visitantes de Barcelona llegan en avión?

Mucho. Teníamos mucho que perder. Por eso era el momento de reaccionar, y lo hemos hecho de forma que ahora todo queda en nuestras manos. Tenemos la oportunidad de hacer que Barcelona vuelva a ser un hub real de interconexiones, de volver a jugar en la primera división de los aeropuertos.

Nadie sabe como acabara la apuesta realizada, pero que en los tiempos que corren, la sociedad civil Catalana se haya puesto de acuerdo y haya tomado la iniciativa en algo que consideraba estratégico y una posibilidad de negocio, eso es una buna noticia, cuantas veces nos quejamos de que en Cataluña faltan grandes empresas? Ahora tenemos una que factura 1.100 millones de euros, y eso es una buena noticia. Y las buenas noticias son imprescindibles para levantarnos el animo a todos y ayudarnos a luchar en el día a día, dicen que la empresa es un estado de animo, y que los problemas solo se pueden afrontar con optimismo, así que cuantas más buenas noticias tengamos mejor encararemos la situación actual.




PUBLICADO 16/02/09

lunes, 12 de enero de 2009

ACTITUD FRENTE AL 2009

Una vez entrevisté a una persona con un currículum excelente para el puesto al que optaba, lo tenía todo de cara para ser el elegido y sin embargo perdió una oportunidad excelente, ya que acabé contratando a otro candidato y es que el chico tenía las cualidades necesarias, pero le faltaba algo fundamental: la actitud suficiente como para conseguir el puesto.

Todos hablamos mucho sobre lo determinante que puede llegar a ser nuestra actitud en momentos claves, pero parece que la teoría se nos olvida cuando se trata de llevarlo a la práctica. Pensemos, por ejemplo, en este inicio de año. Son muchas las cosas que se han escrito sobre el 2009 y ganan por goleada las que se tiñen de elementos negativos, apocalípticos que hacen que sólo el oír hablar del nuevo año nos dé ganas de echarnos todos a temblar.

Resulta curioso, cualquiera diría leyendo lo escrito que hemos tirado la toalla antes de empezar la carrera, y que sólo nos queda resignarnos ante todo lo negativo que vendrá o, como máximo y para los más avanzados, aceptarlo con optimismo y positivarlo. No hemos empezado el 2009 y ya estamos deseando que llegue el 2010, el que parece será el año de la salvación.

¿Qué nos ha pasado? Hablamos mucho sobre la situación actual y desde muchos puntos de vista, pero creo que sólo es necesario decir una única cosa: que somos capaces, capaces de superar esta crisis, este año negro o lo que sea. Tenemos la capacidad, porque hemos adquirido mucha experiencia y hemos aprendido mucho (¿Qué es la peor crisis desde la II Guerra Mundial? Perfecto, entonces es la segunda situación de este tipo que superamos), sólo nos falta la actitud necesaria para aplicar lo aprendido y salir adelante.

No se trata de si vemos el vaso medio lleno o medio vacío, se trata de afrontar las cosas con ganas o sin ellas, de rendirnos ya o de plantar cara a la batalla por muy ardua y perdida de antemano que se presente, pero se trata, sobre todo, de ver cómo vamos a llenar ese vaso, de estudiar y llevar a cabo aquello que nos sacará de esta situación negativa. Nos han educado en la cultura del miedo, de la estabilidad, del terror a los cambios bruscos, nos han dicho desde pequeños, entre otras muchas cosas, que lo peor que nos puede pasar es quedarnos sin trabajo o que nuestro negocio falle porque, quizá, no seamos capaces de remontar. Nadie nos ha dicho: camina, cáete si hace falta, pero sigue adelante porque la capacidad de hacerlo la tienes, todo depende de ti.

Este 2009 no será el año de la gran crisis, será el año de todos aquellos que tengan la actitud necesaria para afrontar las situaciones negativas, será el año de los emprendedores y de los intraemprendedores. Y puede ser, también, el año de Cataluña, una país con gran historia emprendedora que puede tener en este momento su gran oportunidad para salir rápidamente de la crisis y ayudar a que otros puedan hacerlo. ¡Sumémonos todos!


PUBLICADO EXPANSION 12/01/09

lunes, 17 de noviembre de 2008

LOS PÉREZ Y LOS YANG

Conocí una vez al patriarca del restaurante chino donde en ocasiones voy a comer. Era un día entre semana hacia las cuatro, cuando casi todo el mundo se había ido y ya empezaban a recoger. En la calma propia de la sobremesa, el dueño del restaurante me presentó a su padre, el Sr. Yang. Tuve suerte y gracias a los dotes de traductora de su sobrina, el Sr. Yang se ofreció a acompañarme.

La conversación en seguida se convirtió en una explicación de los orígenes del negocio, que había que situar ocho años atrás cuando su hijo, su único hijo de 17 años, les dijo que se venía a vivir a una ciudad de España (de nombre casi impronunciable para ellos) con el objetivo de labrarse un futuro mejor del que le esperaba en China. La felicidad y orgullo de aquel momento todavía se podían ver en el Sr. Yang mientras me explicaba la historia; felicidad y orgullo que se volvieron todavía mayores al explicarme que sólo tres años después (eso sí, puntualizó, tras trabajar muy duro) su hijo había conseguido a los 21 años montar su propio negocio. Cinco años después era un empresario feliz, que había conseguido traerse a su mujer y sus padres de China. A su lado, recuerdo, la pequeña Rosa, la traductora, sonreía para sí, no tenía más de 20 años y quien sabe, quizá ahora es ella la que tiene su propio negocio.

Hoy he recordado esta historia al encontrarme con unos amigos, los Pérez, que no cabían en sí del gozo. Su hijo a los 26 años ha aprobado las oposiciones al Ayuntamiento de la ciudad donde han vivido siempre. ¡Qué suerte! No paraban de repetir y yo veía el inmenso orgullo que sentían. Contentos me cuentaban como sólo ha tardado cinco años en sacarse las oposiciones desde que les anunció a los 21 que su intención en esta vida era ser funcionario. La Sra. Pérez parloteaba con la verborrea propia de una felicidad embriagadora, recordando incluso como su hijo tomó la acertada decisión de aparcar la idea de irse estudiar al extranjero con 17 años y quedarse en casa con ellos. Me alejo y no puedo dejar de comparar al hijo de los Sres. Yang con el hijo de los Pérez: dos muchachos de 17 años deciden, uno quedarse en casa de sus padres, el otro ir a un país desconocido a ganarse la vida; tres años después uno todavía no ha concretado nada y decide hacerse funcionario, el otro ya ha creado su propia empresa; cinco años más tarde uno es una persona realizada, propietaria de una empresa, que no sólo se ha ayudado a sí mismo, sino que su familia se beneficia de su esfuerzo, mientras que el otro empieza, parece, a despegarse de sus padres.

Como habrán podido deducir, ni los Pérez ni los Yang son reales, son arquetipos de familias que no representan a nadie en concreto, pero que representan a muchos. Cada vez más se habla de la amenaza que supone China para nuestra economía: sí hacen las cosas más baratas que nosotros, sí son más económicas, sí ciudadanos chinos vienen a nuestro país a trabajar y ya se han hecho con un grupo importante como es el caso de la hostelería. Pero, de lo que no nos damos cuenta, es que no nos deben preocupar ellos como sociedad, sino que nos ha de preocupar su cultura, su capacidad de esforzarse, de iniciativa, de querer siempre apuntar a metas más altas, eso es lo que debemos temer y, en definitiva, intentar copiar.


PUBLICADO EXPANSION 17/11/08

lunes, 13 de octubre de 2008

¿CREES EN LOS EMPRENDEDORES ?

Aplaudimos las nuevas ideas, nos gusta manifestar nuestro apoyo a los jóvenes para que hagan carrera en el mundo emprendedor; sociedad, políticos y mundo empresarial coinciden en afirmar la importancia de dedicar tiempo y recursos a seguir manteniéndonos en la cresta de la ola en cuanto a creación de empresas.

Hasta aquí todo correcto, sin embargo, en ocasiones entramos en un sistema perverso: aquellos que apostaban por los emprendedores, que los reconocen como algo necesario y bueno para la economía, luego no confía en ellos para contratar sus servicios. El motivo principal que es la falta de experiencia de su empresa ¡Claro que no tiene experiencia! Son nuevos y como tales no han tenido todavía tiempo de acumular grandes carteras de clientes que avalen su capacidad. Y aquí nos quedamos muchas veces, en la inexperiencia, sin contar con que existen otras muchas cosas que los jóvenes emprendedores pueden aportar.

Alguien que ha montado una empresa posee ya de por sí cuatro valores fundamentales que aportar: es una persona con iniciativa que no sólo ha tenido una idea y la ha puesto en marcha con valentía, sino que ha sido capaz de hacerlo demostrando ser lo suficientemente tenaz como para superar las muchísimas dificultades que comporta (recordemos que España es el país de la Unión Europea donde hay que realizar más trámites para la creación de una empresa). Es una persona ilusionada que pondrá toda su voluntad en hacer que todo funcione correctamente, mimando cada detalle, sin caer en errores fruto de un exceso de confianza que provocan los años. Por último, es una persona creativa, innovadora que no hará las cosas de la manera establecida, si no que sabrá buscar nuevas soluciones que respondan a las necesidades de sus clientes o de su propia empresa. Cuatro cualidades capaces de mover voluntades y difícilmente vulnerables que ofrecen garantías suficientes convirtiendo a las empresas que las poseen en buenos lugares en los que depositar nuestra confianza. Además, poco a poco ya irán sumando experiencia.

Nuestros emprendedores no sólo necesitan que se atienda a sus necesidades en el momento de crear la empresa, necesitan también que se deposite en ellos un voto de confianza, que puedan demostrar que aquello en lo que creen puede funcionar, que tirará adelante, que será capaz de hacerse en hueco en el mercado. Si aplaudimos las nuevas ideas también hay que apoyarlas cuando necesitan de nosotros para seguir adelante, no hace falta ser muy sabio para darse cuenta que si nadie nos da una oportunidad nunca adquiriremos la experiencia que se nos reclama.

No hay que olvidar que todos, incluidas las grandes empresas, hemos sido en algún momento pequeños empresarios que hemos necesitado la confianza de alguien.



PUBLICADO EXPANSION 13/10/08

lunes, 19 de mayo de 2008

POLÍTICO, SIENTATE Y ESCUCHA

Jornada, una cualquiera de esas en las que se reúne la flor y nata de un sector económico, médico, educativo… no importa cual. Aparece el político, es la estrella, el centro de atención de la primera hora de la jornada. Llega un cuarto de hora antes del inicio, saluda protocolariamente a los organizadores, dirige unas palabras a los asistentes y cinco minutos después ya vuelve a estar en su coche oficial.

De tan acostumbrados que estamos a ver escenas como la descrita ha empezado a pasarnos por alto el detalle más llamativo: el político siempre habla, pero raras veces participa como un asistente más. Resulta curioso que los políticos no se sienten a escuchar lo que los grandes expertos de un sector tienen que decir, y por el contrario sí lo hagan el resto de asistentes ¿Es que el político no tiene nada que aprender? ¿Es que tiene cosas más importantes que hacer que dedicar tiempo a su formación? Parece, si nos atenemos a este hecho, que la clase política no es consciente de la necesidad de tener una excelente formación para gobernar un país (ya acertó Platón en su República al situar a los filósofos como gobernantes), una formación extensa en múltiples materias que permita tomar las decisiones acertadas.

Los profesionales que desarrollan su actividad en el mundo empresarial dedican parte de su tiempo a la formación, la mayoría de las veces de forma voluntaria sin que el “jefe” les haya dicho nada, mientras que por su parte las empresas, invierten buena parte su presupuesto en formación. Y es que todos somos conscientes que la formación continua y el reciclaje profesional asientan las bases necesarias para el éxito.

Entonces ¿Por qué los dirigentes de la empresa más importante de nuestro país, el Gobierno, no creen nunca necesario sentarse a escuchar lo que otros expertos tienen que enseñar? Seguramente la respuesta será que ya se rodean de consejeros que les indican el camino correcto. No van errados, ya que la capacidad de rodearse de colaboradores “sabios y expertos” ya fue señalada como una de las cualidades de todo buen gobernante por Nicolás Maquiavelo en su obra El Príncipe allá por 1513. Sin embargo, no es suficiente. El político siempre será el líder del equipo, el último responsable en la toma de decisiones, por lo que ha de estar preparado para afrontar situaciones muy variadas. No olvidemos, además, que el líder es aquella persona a la que toma como ejemplo el resto del equipo, de manera que si este se preocupa por su formación, lo harán sus compañeros y en el caso del político, el personaje público por excelencia, será la sociedad en general quien lo tome como modelo.

Ha llegado, pues, el momento en el que el político al asistir a una jornada, llegue un cuarto de hora antes, salude protocolariamente, dirija unas palabras a los asistentes, para, finalmente, sentarse y escuchar.



PUBLICADO EXPANSION 19/05/08