viernes, 8 de julio de 2011

CONTROL PRESUPUESTARIO

Creo en la iniciativa social y el mercado, y por lo tanto, me rebelo ante la idea de que los gobiernos son determinantes en el devenir de un país. Pero es evidente que en sociedades, como las europeas, donde el sector público tiene un peso tan importante, los presupuestos pueden marcar de forma decisiva si un país camina en la senda del progreso o de la recesión. La evolución de la economía alemana o la nuestra son ejemplos de lo que digo.
No quiero hoy centrarme en los diversos modelos de políticas públicas, socialdemócratas o liberales, sino en la veracidad y ejecución de los presupuestos que se aprueban. Siempre me he preguntado ¿Si la aprobación de un presupuesto levanta tanta expectación, porque no lo hace la ejecución o desviaciones del mismo?
¿Cuántas veces leemos breves o noticias solo en prensa económica sobre las desviaciones en recaudación o gasto? ¿Cuántas veces deben modificarse los presupuestos o incrementar los impuestos para ajustar dichos presupuestos a la realidad? Solo las reducciones de impuestos, por su excepcionalidad se convierten en noticia.
Creo que deberíamos ser más exigentes con nuestros gobernantes y hacer un mayor seguimiento de la ejecución de las políticas públicas, en especial las presupuestarias. ¿Para qué sirven las leyes? ¿Se aplican? ¿Mejoran la vida de las personas?
Parece que en ocasiones, más de las que creemos es justo lo contrario. Actualmente el Gobierno Catalán está gestionando una Ley Omnibus que tiene que desenmarañar una tupida red de leyes que dificulta la gestión empresarial, y por lo tanto la creación de empleo en Catalunya.
Con los presupuestos ocurre lo mismo. Cuando dichos presupuestos se preparan sobre predicciones más políticas que reales están condenados al fracaso. Cuando se producen modificaciones, la atención de la opinión pública suele ser tan baja que dicha modificación, por incremento de gasto o menos ingresos, sale gratis a los gobernantes.
Las empresas privadas no se examinan cada cuatro años, lo hacen cada día, el mercado y los clientes les valoran con sus decisiones de compra. Las empresas están obligadas a declarar sus ingresos, pagar impuestos de sociedades, depositar las cuentas y un largo etcétera de obligaciones. Si un empresario no paga salarios, realiza un ERE o su empresa sufre un accidente laboral, la sociedad le exige cuentas y responsabilidades. Los gobernantes creen que las elecciones son como un fuego purificador que todo lo limpia o exime. Los gobiernos pueden no cumplir sus cuentas y desde organismos públicos como la Sindicatura de Comptes se quejan, sin éxito, de los pocos medios que tienen para fiscalizar dichas cuentas. Son muchos los ayuntamientos e instituciones públicas que no presentan sus cuentas a la Sindicatura, pero a ellos, tal como bien denuncia la propia Sindicatura, a diferencia de las empresas privadas, no les ocurre nada.


Cristian Rovira
Consejero Delegado de Grupo SIFU


PUBLICADO EN EXPANSION - 08/07/11

lunes, 6 de junio de 2011

EL VALOR DE TENER VALORES

Las noticias sobre la recesión económica que atraviesa el país se han convertido en un sombrío acompañante de nuestros días. En este panorama, las encuestas y estudios que aparecen a menudo en los medios ponen de manifiesto un hecho preocupante. Un elevado porcentaje de nuestra juventud prefiere entrar a formar parte del funcionariado, antes que crear una empresa o bien trabajar por cuenta ajena. Una radiografía reveladora: seguridad frente a emprendiduría; estabilidad frente a innovación. Y a la vista de los datos, parecen muy claras las opciones preferentes.

En este fenómeno es buena parte de la sociedad la que fomenta esta mentalidad funcionarial, que busca un mejor horario, menor jornada laboral, seguridad en el trabajo, mayores beneficios sociales… beneficios que son sustentados por el resto de trabajadores. Y además este cuerpo funcionarial no se rige por los criterios del sector privado. Deberíamos tener los funcionarios más formados, más motivados y más eficientes, que fuesen los mejor preparados quienes accedieran a los puestos de la Administración; pero la realidad es que constituye el colectivo menos valorado en cuanto a eficacia y motivación. ¿No deberíamos pues incentivar que los trabajadores tiren adelante el país creando puestos de trabajo, en lugar de incentivar un funcionariado improductivo e ineficaz?

Lamentablemente, esta actitud se ha visto espoleada por la crisis económica, con la incertidumbre como acicate de la búsqueda de seguridad. Pero debemos reflexionar sobre otra crisis que resulta todavía más grave: la crisis de valores. Competitividad, eficiencia, responsabilidad, espíritu de superación… parecen antiguallas propias de otra época, y esto es lo que resulta realmente preocupante.

La búsqueda de la innovación, el esfuerzo y el compromiso deben ser valores a reivindicar para asentar la recuperación y el futuro, y sobre las que hay que enfocar todos los incentivos. Debemos reclamar una redefinición de los valores que guíen el mercado laboral y la economía en los años venideros, convertirnos en autores de un nuevo guión.

Recientemente, me sorprendió el slogan que los jugadores del F.C. Barcelona lucían en sus camisetas durante la celebración del título de Liga: “el valor de tener valores”. Una frase que concentra la esencia del éxito del trabajo en equipo, de un grupo que ha superado todas las metas con esfuerzo, compañerismo, capacidad de superación y el talento de unos jugadores excepcionales. Ejemplos como este deben ser los que nos inspiren en nuestro trabajo.

Me despido citando unas bellas palabras de Albert Einstein: “la creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura, y que es en la crisis que nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias”. Espero que, de esta difícil coyuntura que estamos atravesando, surjan la ilusión y la creatividad que nos permitan mirar al futuro con esperanza, en el que todos y cada uno de nosotros compartamos una idea poderosa que nos haga esforzarnos en ser un poco mejores cada día: el valor de tener valores.

PUBLICADO EN EL ECONOMISTA - EDICION DIGITAL - 06/06/11


Ver : http://www.eleconomista.es/catalunya/noticias/3133499/06/11/El-valor-de-tener-valores.html

viernes, 3 de junio de 2011

BURBUJA EN 140 CARACTERES

Los últimos meses han significado una eclosión del poder real de las redes sociales y ahora, ya nadie pone en duda, la capacidad de estas plataformas para influir en las personas, sus acciones y sus creencias. A la par de esta escalada, se ha manifestado otra realidad, no tan perceptible en los temas de apertura de los telediarios, pero que también debería preocuparnos sobremanera: el valor de las compañías de la web 2.0 se está multiplicando a un ritmo nada razonable. Entre enero y marzo, Facebook se revalorizó un 30%; a principios de este mes, el buscador ruso Yandex se estrenó en Wall Street con un repunte del 55% y, hace sólo unas semanas, Linkedin se revalorizó un 109% el día de su estrena en el parqué. Ahora es inminente el lanzamiento de algunas de las marcas mayúsculas del sector —Facebook, Twitter o Zynga— y, dentro de ciertos márgenes de imprevisibilidad e incertidumbre, uno intuye que su revalorización está garantizada.
Ante este panorama, más de uno atisba como, más allá del túnel de hormigón, azulejos y alicatados que se ha quedado a medias y que amenaza derrumbe, se abre un futuro esperanzador enmarcado en cajas de texto de 140 caracteres. Así que son muchos los que, en los últimos meses, se han inclinado con fervor sobre el botón de “Me gusta” o en el Retweet y podrían estar contribuyendo a la creación de una nueva burbuja sectorial en el mercado de valores.
Me sorprende a más no poder, primero descubrir estos indicios; luego, ver que aquí y allá, unos y otros, lanzan señales de alerta, y, finalmente, comprobar cómo, impasibles, están contribuyendo a un auge casi desmedido en el mercado del 2.0.
Todos estos prolegómenos me recuerdan el caldo de cultivo de la crisis de las puntocom que estalló en 2001 —y, sin embargo, que parece tan lejana— y, también, de la terrible crisis nacional particular a la que estamos haciendo frente actualmente, fruto del estallido de la burbuja especulativa del mercado inmobiliario español.
Precisamente, el hecho de detectar estos indicios en el contexto económico actual me desconcierta: el fenómeno 2.0 se ha desencadenado cuando, a diario, palpamos los excesos cometidos durante los años de gestación de la burbuja inmobiliaria. Por ello, aunque el auge 2.0 parece focalizado en Wall Street, en un mundo global, parece que todos somos responsables de la creación de una nueva hipotética burbuja especulativa. Sin duda, sería un duro golpe para todos.
Mientras, con cada tweet, con cada ‘alta’ o con cada “Me gusta”, aumenta el eco social de estos medios que ahora, además, han sacado a la calle a miles de personas en toda España, muchos de ellos movidos por la crítica contra los excesos inmobiliarios. Y así como aumenta el descontento, aumenta el potencial de las empresas 2.0.










PUBLICADO EN EXPANSION 03/06/11

jueves, 5 de mayo de 2011

EMPRESARIO POR UN DIA

Ser propietario de un inmueble, ser autónomo o estar a la cabeza de un negocio, en definitiva, hacerse responsable de hacer frente a las facturas, te hace ser consciente del valor de las cosas. Eso es lo que me contaba un amigo que perdió su empleo, capitalizó el paro y, así, de repente, tomó consciencia del valor y de lo que cuesta pagar las facturas. Al convertirse en autónomo supo lo importante que es apagar la luz o el ordenador por la tarde al dejar la oficina o del papel que había malgastado tantas y tantas veces imprimiendo lo innecesario. ¿Cuántas pequeñas cosas podríamos hacer para que el coste de las cosas en el trabajo fuera el adecuado? Muchas, sin duda, concluyó mi buen amigo reconvertido en pequeño empresario.
Antaño, el buen trabajo era reconocido con un aumento de suelo, esa espiral no tenía fin y ahora afecta a la competitividad de las empresas. Elevados salarios conviven con beneficios sociales y de horarios, y hacen imposible la reconversión de muchos negocios que de otra forma serían viables. Hoy el reconocimiento del trabajo se basa en la conservación del empleo. Sobrevivir es vivir, y en eso coinciden tanto trabajadores como empresarios.
También los empresarios, sumidos y superados en muchas ocasiones por los problemas, tienen dificultades para ponerse en el sitio de un trabajador agobiado por el temor de perder, también él, como tantas personas de su entorno, su empleo.
Los sindicatos están mostrando una posición entre poco y nada flexible, alejada de la realidad. No es tiempo de reivindicaciones demagógicas.
En Disney tienen una política de recursos humanos interesante. Todos los trabajadores tienen que pasar por todas las posiciones, desde vestirse de Mickey Mouse, a vender globos, trabajar en un hotel, oficinas, o en un departamento determinado. Eso aporta a los trabajadores una perspectiva global, les permite comprender lo que es la empresa y sus valores y sobre todo les permite ser conocedores del trabajo que hace cada uno, de sus dificultades, de su especificidad y complejidad.
No son tiempos de Dowton Abbey, con una gran brecha que separe trabajadores de empresarios. Son tiempos de comunión de intereses, trabajo conjunto, diálogo entre directivos y colaboradores. Sólo de la comprensión mutua, del intercambio de pareceres y de remar todos en la misma dirección surge la creación de opciones de futuro para las empresas.
El ejercicio de la responsabilidad pasa por la austeridad, el centrarse en la eficiencia, la optimización de recursos y la búsqueda de nuevos clientes y mercados. También pasa por la entrega en el trabajo, por el sentirse propia la empresa y por creer que en las manos de uno mismo y en su trabajo está, en gran medida, la viabilidad de su empresa.
La falta de financiación, la morosidad, la atonía de la demanda no son cosas que pueda cambiar un trabajador ni un empresario. La actitud positiva, el trabajo y el esfuerzo creativo sí, y de ello depende ganar el mañana.

Cristian Rovira
Consejero Delegado de Grupo Sifu




PUBLICADO EN EL ECONOMISTA - VERSION DIGITAL 05/05/11

VER : http://www.eleconomista.es/catalunya/noticias/3042348/05/11/Empresario-por-un-dia.html