¿Es posible medir el retorno económico de
las inversiones públicas realizadas en materia social? La respuesta es sí: el
Retorno a la Inversión Social (SROI por sus siglas en inglés) es una
metodología creada en los años 90 precisamente para medir el impacto social de
una inversión. Desde entonces, han sido muchas las entidades y organizaciones
que han logrado poner en valor y monetizar los beneficios de carácter
económico, social y ambiental tras invertir cualquier importe. Así, el SROI es
un útil instrumento clave para la planificación y evaluación de proyectos de
numerosas organizaciones que trabajan en dichos campos.
Hace muchos años que en el ámbito de la
discapacidad existe el debate acerca de si el dinero destinado a ayudar a las
personas con diversidad funcional debe considerarse un gasto o una inversión. Los
Centros Especiales de Empleo (CEE) son beneficiarios de subvenciones públicas
debido a su importante papel en la integración de dicho colectivo en el mercado
laboral. En este sentido, los CEE representan
el 70% de los contratos a personas con discapacidad, mientras que el 30%
restante los realiza la empresa ordinaria. Además, cabe recordar que la
fuerza productiva de los Centros Especiales de Empleo es del 0,3% frente al
99,7% de la empresa regular. Así pues, aun siendo 332 veces más pequeños, los
CEE generan más del doble de contrataciones.
En los últimos años, se han realizado
varios estudios para determinar cuál es el retorno económico de las inversiones
públicas realizadas en Centros Especiales de Empleo. Éstos estiman que por cada euro de inversión pública
destinado a CEE se genera un retorno de entre 2,09 y 3,24 euros para la
sociedad. A este retorno, además, habría que sumarle los ahorros (en
sistemas de protección social…) derivados de facilitar la integración en el
mercado laboral de un colectivo vulnerable, que alcanza casi un millón y medio
de personas en edad laboral en España.
En esta línea, las ayudas a la discapacidad
no funcionan solo como garantía de los derechos fundamentales de las personas
con diversidad funcional sino que, gracias a la metodología del SROI, se ha
demostrado que tienen un efecto
multiplicador que vuelve en beneficio de toda la sociedad. En consecuencia, es
necesario replantearse el eterno debate: ¿son estas ayudas un gasto o una
inversión?
A fecha de hoy todavía son muchas las
administraciones públicas que continúan considerando la inyección de dinero
público en centros especiales de empleo como un gasto sin retorno,
transmitiendo un mensaje de miedo relacionado con invertir en discapacidad. Estamos
en un punto en el que vale la pena cambiar de perspectiva y empezar a ver las
empresas, entidades y organizaciones que emprenden con éxito proyectos de
acción social no solo como meras receptoras de subvenciones sino por el valor
económico y social que generan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario